No le ha pasado a usted?
La ruta de un perdido... contiene todas las vivencias por las que tiene que pasar un “parroquiano” cuando la vida lo lleva a la selva de asfalto y rascacielos.
Todo es un misterio, todo está por conocer, la maraña de la ciudad por descubrir, el transporte y su lenguaje simbólico es un acertijo...sólo tengo presente la orientación de los viejos: Mire los cerros y la puesta del sol.
Y qué puedo decir…
Desde el día en que me baje del bus de “Los libertadores” , los buses urbanos y yo no hemos congeniado.. Ese bus que viene dejando a todos mis paisanos boyacenses en esta ciudad, ésta gran ciudad, hasta ese momento… bueno, y hasta ahora poco conocida por mí, me dejó en la calle 170.
Al dar el primer paso en tierra Bogotana, por primera vez sin compañía de nadie a quien seguir hasta un lugar conocido…
...sentí el frío de la incertidumbre…
Y al ver tantas placas de buses y miles de letreros fosforescentes desbocándose por el frente de mi mirada perdida, casi les puedo decir que predije lo que más adelante me iría a suceder.
Ese día comenzó una historia, y no porque no conociera a este monstruo, sino porque desde aquel día estaría enfrentada a él, sola, a capa y espada…. y él haría todo lo posible por ponerme tropiezos a mediad que mis paso lo recorrieran…. Tal parece que definitivamente no nos íbamos a entender…..
Estoy segura que esa mujer que se bajó conmigo, entendía por lo que yo estaba pasando, era un dilema grave, al que muy probablemente se enfrentan todos los que, como yo, llegan con sus maletas a la selva…. De cemento. Lo noté porque su mirada buscaba la mía para hacerme encontrar forzosamente con una mano en el hombro de mi incertidumbre, con una señal de familiaridad.
Pero tal vez lo notó por mi morral ya redondo por su gran contenido, y una bolsa negra en la mano que mamá me obligo a traer con todos los peluches que tenía en mi habitación… Cuando nuestras miradas se cruzaron, no puede evitar encontrar una complicidad en aquellos ojos, y un alivio cuando me indicó cuál de estos intrincados caminos debía seguir para encontrar mi destino.
...Ojalá algún día me la encontrara de nuevo…
Hoy, después de 3 años de vivir en esta ciudad, puedo decir no con mucha tranquilidad, que siento como la batalla sigue siendo perdida…
Y que puedo decir… si la última opción que tomaría…. Sería subir a uno de esos mounstros urbanos. Ese día había mil cosas por hacer, entonces decidí salir temprano… cuando cerré la puerta de mi casa me di cuenta que había dejado las llaves encima de la mesa, (eso ya empezaba a dar señales de cómo iba a ser el resto de jornada…)
Como pude baje corriendo las escaleras del edificio teniendo cuidado de no ir a chocar, como siempre, con la matera de la vecina, porque entonces este sería también un lio con ella… como siempre…. Ahora que lo pienso, tal vez el no chocar con su adorada plantita fue lo único que salió bien en el aquel día…
Dando grandes saltos por entre los charcos matutinos, llegué al lugar donde debía enfrentar mi diaria batalla, por fin llego el bus, la ruta precisa, ya aprendida por si acaso, la ruta C10.
El bus iba lleno, pareciera que la gente se salía por las puertas y ventanas, y yo iba literalmente espichada contra la única puerta del bus, esperando encontrar algún tubo que salvara mi vida en el momento en que esta se abriera… mientras intentaba con la mirada perdida encontrarlo el señor del bus no dejaba de gritar que le pagara… para que si por si acaso me caía, el pasaje ya estuviera pago y él no perdiera sus 1200, seguramente, pues bien, no sé cómo lo hice pero pude encontrar dentro del mundo maravilloso de mi maleta de estudiante, un billete. Saqué uno de cinco mil y lo pasé para que la gente me ayudara a llevarlo hasta la ventanilla…
Con lo oportunos que nos somos aquí, (¿ o debo secir, con la “malicia indígena” que nos gastamos aquí?) yo temía por mi billete, mientras vigilaba como podía, que sí llegara a su destino.
Todos esos transcurrían y para ese entonces íbamos sobre la carrera 24, ya casi llegando. Y yo, gracias al cielo ya iba sentada, muy tranquila. De pronto se me ocurrió ver el reloj, y resulta que eran las eran las siete y cuarto de la mañana; Vírgen Santísima!!! Hasta ese momento, yo nunca había llegado tarde a nada en la vida... Hubiera querido con todas mis fuerzas en este momento el poder de la tele transportación.. Eran las siete y cuarto y yo iba en un bus que se ahogaba en medio en un trancón que parecía sin final…. Era mi primer día…. Y yo iba tarde.
Lo único que acaté a hacer fue dar un gran suspiro de relajación y apoyar mi brazo en el borde de la ventana. A los 15 minutos de eso habíamos avanzado tan solo 20 metros y yo me quería morir, entonces para tratar de no presenciar aquel juego que el tiempo y la ciudad me estaban haciendo, recosté mi cabeza en el brazo y cerré los ojos…
No lo van a creer… cuando los abrí, mi realidad fue muy parecida a la primera vez que pisé estas latitudes… no tenía idea donde estaba, había pasado el límite que las señales de mi universo, ya este era otro contexto y no lograba saber cuánto habíamos pasado… hasta llegué a pensar que el bus desvió su camino para evitar el trancón… nunca supe que había sucedido en esos preciosos minutos de sueño.
Eran las siete y media, y ahora si sentía que no habái posibilidades…. Timbré, (a propósito casi no lo encuentro) y me bajé.
Es que en Duitama todo es diferente, allá nadie duerme en un bus, empezando porque te subes, te sientas… (porque siempre te sientas, allá si se cumple lo del pasaje ejecutivo: NINGUN PASAJERO IRA DE PIE, que uno ve aquí en la parte trasera de los buses) y al rato ya te tienes que bajar.
Allá la vida es sencilla, la ciudad es como una rejilla, con todas sus calles en cuadrados perfectos, entonces todos los buses van desde la entrada a la ciudad hacia centro, y todos por distintas calles que llegan a la misma avenida suben hasta llegar a lo alto de ella donde quedan la mayoría de colegios y allí, se baja todo el mundo y el bus regresa a donde te recogió… así de sencilla es la vida.
Si algún día te llegaras a dormir, seguro tus compañeros de ruta te despiertan, o sencillamente caminas hasta donde necesitas llegar y llegas máximo 5 minutos tarde.
Miraba hacia todos lados, tratando de ubicarme, mi mamá me había dicho… “mijita, siempre que se pierda mire hacia los cerros”…
Los miré durante un rato y me dije: Y a mi de que carajos me sirve mirar a los cerros… si estoy perdida en la selva, y los mismos cerros me miran con lástima…
Sólo podía maldecir mi suerte y mi estupidez… como me iba a dormir! La ciudad me miraba altanera, desafiante… y yo bajaba la mirada…
Caminé unas 40 cuadras, y en una de ellas pisé un oloroso regalo que había dejado olvidado un canino habitante callejero.
Aquí ya no aguantaba más, había perdido la primera clase, no sabía donde estaba, no tenía dinero suficiente para un taxi, y ahora tenía un precioso regalo debajo de mi suela.
Me senté en un andén a sacarme la mierda con un palito... y dos lagrimas cayeron en el asfalto Bogotano.
Bueno, ya había pasado lo peor, ya nada podía ser tan malo. Eran las 10 de la mañana y salí a la carretera a mirar a los ojos a la ciudad a enfrentarla, y me quedé parada viendo las placas de los buses de nuevo, veía a todos los países en ellas: Germania, Bolivia... y no tenía ni idea de cual de ellos tomar.
Al fin me arriesgué a tomar cualquiera que suponía, me dejaría cerca a la casa, esta vez iba vacío, me acomodé en una silla en la parte de atrás, y esperé...
De repente se empezó a llenar y a llenar y yo no veía la manera de salir de allí, y la gente apretujada no me dejaba ver por donde íbamos... No, otra vez, entonces me puse de pié y empecé a caminar hacia la puerta para estar más cerca por si acaso veía alguna señal conocida. Para ese entonces ya me había comido todas las uñas, y miraba apresuradamente para todos lados... Todos en el bus me miraban como si yo tuviera algo extraño...
De repente me di cuenta que tenía el bolso abierto!!! Y mire para todos lados, y vi aun señor que estaba al lado mío con cara de “yo no fui”...
Ignoraba mi ubicación en ese momento, si me bajaba o no, era lo que menos me importaba porque estaba histérica ahora lo único que me faltaba era que me robada un individuo desocupado...
Eso sí lo podía evitar, estas situaciones que la ciudad permite yo no la iba a permitir... A pesar de que normalmente mi temperamento es muy apacible, en ese momento ya sentía que iba a explotar y precisamente ese caballero me había hecho rebosar mi límite.
Me volteé para poder mirar a los ojos a mi silencioso atacante...
y al igual que él lo pelizqué en silencio y le dije entre dientes:
* “ Déme la billetera, desgraciado ”
El hombre me miraba confundido, y yo más furiosa me ponía... ¿qué tal el descaro? ahora no sabía de que le estaba hablando!!! Pues le dije todas las groserías que me sabía y le dije con toda mi furia:
* “ que me dé la billetera... póngala en el bolso ya!!!”
El individuo puso la billetera en mi maleta y yo sin quitarle la mirada de encima cerré la creamllera y me bajé al instante donde estuviera ...no me importaba!!!
Después de caminar durante varias cuadras y cansada de tanta emoción.... llegué a casa, y esperé a que el celador se metiera por la ventana vecina para poder abrir la puerta.... estaba tan cansada!!! cuando entré vi encima de la mesa las llaves, y MI BILLETERA???? Revisé inmediatamente mi maleta y allí estaba la billetera de Luis Garzón!!!! Cómo lamentaba mi suerte terminé hasta ladrona y lo había robado de frente!!! que vergüenza!! no sabía que hacer! Bueno, al fin al cabo todo hasta ahora había salido mal...
Pues ese día devolví la billetera... más vale colorada un rato que pálida toda la vida! , y bueno, hasta ahora las cosas no han cambiado mucho... La ciudad sigue jugando conmigo... creo que ya hasta nos reímos juntas de todos lo que ha pasado en estos 4 años..

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